Pocos perros son tan consentidos como los de Nueva York, todo un paraíso de lujos caninos.
"Nueva York es un sitio fantástico para perros, hay tantas facilidades: piscinas, spas, espacios para caminar", dice Beatrice Tosti di Valminuta.
Kiki, su chihuahua, a veces la visita en su restaurante italiano y bar de vinos en el Bajo Manhattan, y allí todo el mundo lo conoce.
Pero la mayor parte del tiempo Kiki la pasa en una guardería diurna para perros pequeños. Su nombre completo es Killer Samson Hércules, ya que la italianísima Beatrice quería un chihuahua y Julio su esposo dominicano prefería un gran mastín.
"Llegamos a un compromiso: un chihuahua con nombre de mastín", explica Beatrice.
El postre preferido de Kiki es fruta, y habitualmente come pera o sandía. Cuando hace frío luce diseños especialmente creados para él en tejido de cachemira italiana. Es un perro viajado, y como todo buen neoyorquino, disfruta de cuando en cuando de unas vacaciones en algún destino exótico.
Una vez en Nápoles le dijeron a Beatrice: "Señora, usted sabe que es muy famosa en Santa Lucía". Se sintió halagada y se ruborizó, pero el hombre aclaró: "No es por usted, sino por su perro".

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